A ser feliz también se aprende

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A lo largo de mi labor docente y en cada año que ha pasado son muchas las personas que he conocido entre alumnos, padres de familia y docentes colaboradores, a lo largo de más de veinte años, en los cuales he tratado de buscar emociones frescas y amenas sobre cosas prácticas acerca de cómo aprender a ser una persona constructiva y feliz.  Pero de qué dependemos exactamente para ser felices, lograr una convivencia armónica entre todos, mejorar como persona, como amigo, como docente, como asesor y preceptor, pero muy en especial, saber llevar una buena relación entre familia y trabajo.

A quien no le pasa que el día a día y el poco tiempo que disponemos para cada actividad nos hace sentir llenos de rutina y en ocasiones nos vemos rodeados de cosas que ya no nos sorprenden. Nos hemos puesto a pensar el por qué ya no rompemos la rutina, por qué ya no priorizamos actividades o por qué no mejoramos nuestra capacidad de comunicación, de relación con los demás, lograr autocontrol y confianza en uno mismo. Seguramente vemos por qué algunas personas tienen mayor éxito en las relaciones interpersonales y en su vida personal y profesional o por qué hay personas que  saben enfrentar sus contratiempos y son capaces de ver la vida de manera diferente.

Hace muchos años que surgió un nuevo concepto: la inteligencia emocional, que nos permite conocer y manejar nuestros propios sentimientos; interpretar o enfrentar los sentimientos de los demás; sentirnos satisfechos y ser eficaces en la vida; en fin, comprender toda la serie de habilidades a que nos hemos referido anteriormente. Conocer nuestra vida emocional, saber interpretar las emociones, gestionarlas con eficacia, podrá aportar un mayor control a nuestra conducta y por tanto, como dice Daniel Goleman en La Inteligencia Emocional (Goleman,1997),”… Nos ayudará en la toma racional de decisiones, porque las emociones nos orientan en la dirección adecuada para sacar el mejor provecho a las posibilidades que nos ofrece la fría lógica”.

Pero cuál es la diferencia entre personas exitosas, personas felices, y las personas amargadas, a pesar de que a todos ellos les ha podido ocurrir lo mismo: pérdidas, malos momentos, muertes, desgracias, quedarse sin familia, perderlo todo, etc. Está entonces en el modo de reaccionar ante la vida. Muchas veces vivimos  contemplando a las personas que viven felices  o tienen éxito, que no necesariamente es lo mismo porque a veces confundimos éxito con felicidad. La verdadera diferencia es su capacidad de esfuerzo y su buena aptitud para salir adelante. Hay historias personales que verdaderamente nos dejan impresionados de cómo pudieron salir adelante, de cómo pudieron comunicarse con ellos mismos y con los demás para  ponerle calidad a su vida futura.

Un punto importante es conocer a las personas, es por eso que hoy en día en las empresas se han instalado los departamentos de recursos humanos, que  son como una madre que conoce a sus hijos y sabe cómo actuar y cómo ayudar de forma diferente a cada uno de ellos. Aparece entonces otro término:  la Autoestima que es el motor de toda persona y tiene que ver con las sensaciones, experiencias, pensamientos y sentimientos que se han ido fortaleciendo o desvaneciendo a lo largo de las primeras etapas muy en especial en la infancia y adolescencia y que muchas veces marcan la caractereología de toda persona.

Lo importante no es cómo motivamos a alguien sino cómo se motiva ese alguien, él mismo, uno mismo. Por ejemplo, los niños no necesitan ser recompensados para aprender, porque el deseo de aprender y saber es algo innato y natural, solo hay que saberlo sacar, es por eso que ahora el coaching se ha vuelto  un tema importante en toda profesión.

Si verdaderamente queremos aprender a ser felices en nuestra vida, en el trabajo, en la familia y en la sociedad, tenemos que empezar deslindando sobre cuál es el tipo de felicidad que buscamos, las cuales Martin Seligman, el padre de la psicología positiva menciona: el de la vida placentera, el de la buena vida o la felicidad que busca la vida con sentido. Vamos ejemplificando cada uno de los tipos de felicidad mencionados. Cuando queremos llenar nuestra vida de muchos placeres, sabores y disfrutes, hablamos del nivel más superficial de felicidad que corresponde al de la vida placentera. Pero qué pasa cuando centramos nuestra vida en sólo lo que sabemos hacer por propias virtudes y talentos, nos referimos entonces al segundo nivel que es el de la buena vida. Y finalmente el tercer nivel consiste en poner todas tus virtudes y talentos al servicio de alguna causa que sientas que es más grande que tú, ésta es la felicidad de la vida con sentido.

En resumen la felicidad debe estar referida a “QUERER LO QUE UNO HACE”  pero así como  va el mundo  terminamos haciendo” lo que uno quiere” y los estándares de afectividad son muy bajos. Es más difícil encontrar ahora gente con buenos sentimientos, que conciban el amor al prójimo y que tengan como primer postulado a la justicia. Ahora sí nos podemos preguntar ¿Qué tipo de felicidad estoy buscando? Y ¿Por qué entonces no he aprendido a ser feliz?

A todo esto debemos anteponer que hay personas a las que la vida poco a poco les va imponiendo un modo de vivir que lo van haciendo un modo de ser y su carácter y personalidad los van perdiendo  llegando a refugiarse en lo impersonal, que equivale decir “dejar de ser lo que uno realmente es” adquiriendo un nuevo estilo de vivir totalmente confundido con felicidad. Y nos damos cuenta que ya no tenemos vida, ni familia o sólo un trabajo de cuello blanco que pensamos, es nuestra felicidad por ahora.

Ser dueño de mis actos, decidirme a ser eso que yo quiero ser, enfrentarnos con nosotros mismos demostrando valentía y sinceridad, dando lo mejor de mí con mucha entrega, son características propias de la persona que realmente quiere ser feliz, son indicadores de lo que realmente quiero ser, tener un rumbo, saber hacia dónde va la vida, volcar nuestra mirada sobre nosotros y desarrollar plenamente nuestra personalidad.

Ser feliz implica también una gama de virtudes, de hábitos buenos, que van marcando nuestra forma de ser y son nuestro valor agregado que le damos a la gran obra de la creación, pero tampoco son suficientes. Por ejemplo en el trabajo, a pesar de que los valores son necesarios e indispensables, hace falta  habilidad e intelectualidad .para obtener los resultados que deseamos.

Vamos llegando a la conclusión de que ser feliz es un arte, porque todos aspiramos a tenerla, porque queremos una vida sin dolor, sin sufrimientos, pues vivimos de alegrías imaginarias mirando al otro que sí lo es y empezamos a desbordar envidia porque no sabemos vivir como podemos. Hay que darnos motivos para estar alegres, porque la alegría sustituye cualquier dolor y alimenta la serenidad que tanta falta nos hace.

Ahora sí, llenémonos de sueños, de fantasía, de aspiraciones y logremos diferenciar el pasado del futuro, así ninguna preocupación podrá destruir cualquier momento feliz y lleno de placer.

A manera de conclusión les puedo decir que el emprender algo o incluso sólo aprender algo es necesario para la felicidad de la persona.

Recuerden amigos, que no es fácil  encontrar la felicidad en nosotros, pero que tampoco la vamos a encontrar en otra parte.

Carlos Humberto Cerro Maza

Piura/ Perú

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